
El carnaval de Río de Janeiro nunca ha sido un territorio neutral. Desde sus orígenes, ha sido un espacio donde el pueblo brasileño se mira, se cuenta y se confronta con su propia historia. En enero de 2026, un mes antes del carnaval carioca, el enredo de la escuela de samba Acadêmicos de Niterói sobre Lula importa especialmente porque hace hablar, y mucho, tanto dentro como fuera de la avenida. Importa porque reabre debates políticos aún abiertos y porque se inscribe en un Brasil profundamente polarizado, donde la figura de Lula sigue siendo central, conflictiva e imposible de ignorar.
La escuela no disimula su posición. En su enredo “Do Alto do Mulungu surge a esperança: Lula, o operário do Brasil”, Lula es calificado como una “estrela” y un personaje que merece ser la figura principal de un enredo. No hay ambigüedad ni distancia fingida. Acadêmicos de Niterói apoya políticamente a Lula y convierte ese apoyo en materia carnavalesca, asumiendo que el samba también puede —y quizá debe— tomar partido.
Eu vi brilhar a estrela de um país
[…]
Vale uma nação, vale um grande enredo
Una escuela muy joven que habla desde el presente
Fundada en 2018, Acadêmicos de Niterói es una escuela extremadamente joven dentro del universo del carnaval carioca. Esta juventud se vuelve aún más evidente cuando se la compara con escuelas históricas como Mangueira, fundada en 1928. Mientras algunas agremiações desfilan con casi un siglo de memoria acumulada, Acadêmicos de Niterói construye su identidad en tiempo real, en diálogo directo con el Brasil contemporáneo.
Esta condición tiene dos caras. Por un lado, le da libertad, audacia y una relación menos reverencial con la tradición. Por otro, implica un desafío estructural evidente: la escuela desfilaba el año pasado en la Serie Ouro, y su llegada a la Serie Especial, convirtiéndose en la escuela más joven en desfilar en la Primera Liga, representa un salto exigente, tanto en términos técnicos como simbólicos. La subida es un logro, pero también una prueba.
Un samba popular, una letra, un símbolo
El enredo se define explícitamente como un “samba popular”, y esa elección atraviesa toda la propuesta. Popular aquí no significa simplificado, sino compartible. El samba está pensado para circular, para ser cantado y apropiado por la comunidad, sin barreras culturales ni estéticas.
En ese sentido, uno de los gestos más potentes del enredo es la letra “L” de Lula, convertida en símbolo central. Una letra simple, gráfica, fácil de reproducir con la mano, con el cuerpo, con carteles improvisados. Cualquiera puede hacerla, cualquiera puede reconocerla. Funciona como un signo inmediato de identificación y pertenencia, marcando la dimensión accesible del enredo y su voluntad de hablar a los brasileños, a quienes se reconocen en una historia popular y colectiva.

La “L” no es solo una inicial. Es un emblema carnavalesco pensado para la calle, para la comunidad, para el gesto compartido.
La vida de Lula como relato social de Brasil
La trayectoria de Lula aparece en el enredo como un hilo narrativo que permite leer la historia reciente de Brasil, apoyándose en elementos biográficos destacados por la propia escuela en su material preparatorio. Lula es presentado, en primer lugar, como fruto de un país profundamente desigual: marcado por la pobreza, la migración interna y una infancia atravesada por la precariedad.
Su politización se construye desde lo concreto. Entra en el sindicalismo a partir de preocupaciones inmediatas, como los salarios y las condiciones de trabajo, y se convierte en una de las figuras visibles de las grandes huelgas del ABC paulista (Estado de São Paulo) a finales de los años setenta. Todo ello ocurre bajo la dictadura militar (1964-1985), en un contexto de represión, vigilancia y criminalización de la organización obrera.

El enredo insiste en que Lula no es un héroe solitario, sino parte de un movimiento colectivo que contribuye a la necesidad de un nuevo sujeto político. Su llegada a la presidencia simboliza, en esta lectura, la entrada del Brasil popular en el centro del poder. Se recuerdan transformaciones sociales concretas, como el aumento de los salarios, la reducción de la pobreza y el acceso de sectores históricamente excluidos a la educación superior.
Este recorrido biográfico no puede desligarse de uno de los episodios más controvertidos de su trayectoria. Lula pasó 580 días encarcelado, condenado por corrupción pasiva y lavado de dinero en el marco de la operación Lava Jato. Su condena fue posteriormente revocada por el Supremo Tribunal Federal, que reconoció la vulneración de sus derechos durante el proceso y la falta de imparcialidad del juez que lo juzgó, devolviéndole así sus derechos políticos y situando este episodio como uno de los mayores traumas institucionales de la democracia brasileña reciente.
Por qué este enredo resuena especialmente en 2026
La edición del carnaval carioca de 2026 llega en un momento cargado de significado político. Desde el primero de enero de 2023, Lula volvió a la presidencia con un proyecto que retoma políticas sociales y una visión de Estado orientada a la reducción de desigualdades. Ese regreso se produce en fuerte contraste con el ciclo anterior, marcado por el gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2023).
Bolsonaro se negó a aceptar su derrota en las elecciones presidenciales de 2022 frente a Lula y fue posteriormente condenado por su implicación en intentos de ruptura del orden democrático, por intentar un golpe de Estado. Este contexto hace que el enredo de Acadêmicos de Niterói no sea un simple ejercicio retrospectivo, sino una intervención directa en el debate político actual. Hablar de Lula hoy es hablar del tipo de democracia que Brasil defiende, cuestiona o teme.
No sorprende, por tanto, que este enredo genere reacciones intensas, especialmente en sectores de la derecha brasileña abiertamente opuestos a Lula. El carnaval vuelve a funcionar como una caja de resonancia de tensiones que atraviesan toda la sociedad.
Fuerza simbólica y fragilidad estructural
Desde el punto de vista del desfile, Acadêmicos de Niterói presenta una fuerza simbólica clara, sostenida por una batería sólida y por unos mestres-sala y porta-bandeiras capaces de aportar estabilidad y elegancia a un enredo cargado de significado político. A esta solidez se suma una ala de baianas especialmente fuerte, recientemente reconocida con el Troféu Explosão in Samba (2024), que ancla el discurso contemporáneo del enredo en la tradición y refuerza su legitimidad simbólica.


La posible fragilidad del conjunto no reside tanto en la propuesta artística como en la estructura. La juventud de la escuela, que hasta el año pasado desfilaba en la Serie Ouro, hace que su entrada en la Serie Especial represente un reto en términos de experiencia, refinamiento y gestión del gran aparato carnavalesco. En ese contexto, la ala de pasistas y la concepción general de las figuras de rainhas aparecen como los puntos más delicados, con el riesgo de quedar parcialmente desconectados de una narrativa que, por lo demás, es muy sólida.
Un carnaval que no pide permiso
La Acadêmicos de Niterói no busca consenso ni comodidad. Su enredo sobre Lula asume el riesgo de la polarización y lo convierte en discurso. Al hacerlo, recuerda algo fundamental: el carnaval no es un paréntesis fuera de la realidad, sino uno de los lugares donde esa realidad se dice, se canta y se disputa.
Más que contar la historia de un hombre, este desfile habla de un Brasil popular, contradictorio, herido y aún en construcción. Y afirma, sin rodeos, que el samba —cuando es verdaderamente popular— no solo entretiene: toma la palabra, elige y se posiciona.

