Iniciación al Ori Tahití

Para empezar bien la semana, este lunes 11 de agosto de 2025 decidí hacer una clase de iniciación al Ori Tahití que me habían enviado hace un mes y que, infelizmente, debido a mi esguince de tobillo y al cansancio acumulado durante el año, no había podido realizar hasta ahora. Esta clase formaba parte de los intensivos de verano de la academia de Sahra, Sharqi Academy, donde bailo danza oriental y Bollywood. Ha sido una excelente oportunidad para descubrir algunos pasos de una danza originaria de Tahití, una de las islas más famosas del departamento francés de la Polinesia. Ya había tenido contacto con este baile y con su cultura, ya que en mi infancia tuve un amigo que había vivido allí un par de años.

La clase de hoy, impartida por María Tovar, fue un reencuentro con esta cultura después de casi diez años. Como sabéis, quienes me conocéis a nivel más personal, nunca bailé en Francia. Sin embargo, el Ori Tahití refleja muy bien la manera de ser de los tahitianos: poderosos, impresionantes y, a la vez, muy cariñosos. Es importante destacar que el Ori Tahití es solo una de las danzas polinesias, ya que el término Polinesia engloba a todas las islas del Pacífico, y no únicamente a la Polinesia Francesa.

A nivel técnico, ya había experimentado la complejidad de esta danza y la fuerza que se necesita en la parte inferior del cuerpo. El Ori Tahití casi siempre se baila con las rodillas dobladas, realizando un movimiento de balanceo con la cadera. Mi primera sensación fue de bienestar y plenitud, porque estos movimientos de cadera son muy ligeros, parecidos a las olas cayendo sobre la arena. Son mucho menos secos que los movimientos de samba y más amplios que los de la danza oriental. Lo más difícil para mí fue mantener la cadera suelta para que el movimiento se viera fluido, como las olas del mar, pero coordinándolo con el resto del cuerpo. Pienso especialmente en los movimientos de suelo, donde hay que hacer ese balanceo mientras se avanza caminando. A pesar de la dificultad, el ritmo de las percusiones fue un placer inmenso para mí, y reafirmó mi gusto por las danzas folclóricas. A continuación, les dejo el vídeo de la coreografía que se aprendí durante ese taller.

Me parece importante hacer una breve “presentación” cultural del Ori Tahití, ya que, como en otros folclores, debe bailarse con mucho respeto, sobre todo cuando no es nuestra propia cultura. Para daros una visión más amplia, el Ori Tahití es la danza folclórica de la Polinesia Francesa y de la isla de Tahití. Combina movimientos corporales que tradicionalmente servían para hablar de la vida cotidiana, del amor, de la mitología o incluso de la guerra.

Parte esencial de esta danza son también los trajes, que no son simples adornos, sino una prolongación del cuerpo y del mensaje que se quiere transmitir. Las faldas hechas de fibras naturales, los tocados con flores frescas y los collares de conchas o semillas reflejan el vínculo profundo con la naturaleza y el mar. Los colores vivos —rojos, amarillos, verdes intensos— no son casuales: evocan la energía, la fertilidad y la alegría de la vida isleña. La visión turística, que se resume en cocos, palmeras y chicas bailando, está muy alejada de la realidad. En la práctica auténtica, estos elementos forman parte de un lenguaje simbólico que conecta a quien baila con su tierra y sus ancestros.

La iniciación al Ori Tahití ha sido para mí dos cosas. Primero, un enriquecimiento mental y cultural al conectarme con otra energía y otra cultura, algo que me apasiona. Segundo, un enriquecimiento físico, al descubrir nuevas formas de mover mi cuerpo y mis caderas. Siempre digo que no se busca la perfección —y mucho menos en un contexto de iniciación—, sino disfrutar de la experiencia.

En resumen, ha sido una vivencia muy placentera que me deja con ganas de seguir descubriendo la cultura tahitiana y polinesia. Termino este artículo reafirmando mi opinión sobre la importancia de conocer nuevas culturas, folclores y maneras de hacer: nos enriquecen y nos tienden puentes para abrirnos al otro.

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