Esperar la siguiente ola: redescubrir la desconexión
Esta mañana, después de hacer deporte, fui al mar con mi novio. Era un dia muy bonito, nunca había visto Lobos y Lanzarote despejados así. Hemos entrado en el agua y empezamos a jugar con las olas, mirando hacia el horizonte para adivinar cuál sería la siguiente y, sobre todo, si sería una «buena» ola, es decir, suficientemente grande para saltarla, atravesarla o dejar que nos arrastrara. Durante ese momento, no pensé en nada más.
